Fe en la Nube

Los que recibimos educación con asignatura de religión incluida, llevamos con nosotros muchos capítulos de la Biblia y los Evangelios, como aquel del apóstol Tomás, ese que no se creía ni harto de vino que Jesús había vuelto a la vida después de verlo morir en la cruz, y que tuvo que meter sus dedos en la llaga, y provocar que el Maestro le dijera aquello de “Porque me has visto, Tomás, has creído; dichosos los que creen sin haber visto”.

Dedo nubeDejando a un lado lo espiritual, si aplicamos la fe en lo virtual, tenemos que reconocer que cada vez más creemos en muchas cosas sin tener que verlas, ni tocarlas, ni nada de nada. Y en este caso concreto me vengo a referir a la Nube, como símbolo de la fe que profesamos hacia el universo de los bits.

Una buena mañana nos levantamos, cogemos el apéndice inteligente y,… ¡que grata noticia! un nuevo servicio, sin coste alguno, por supuesto, que me permite guardar copia de todas mis fotos, sin que tenga que hacer otra cosa que confirmar que quiero hacerlo. ¡Cuanta maravilla!

En el trabajo un colega me manda un correo electrónico, en el que me invita con un enlace a subir un documento a un servicio, gratuito, por supuesto, desde donde podremos colaborar juntos, modificándolo, añadiendo lo que se necesite, con un control absoluto del contenido. Y es de Google, ¿que más se puede pedir?

Además, casi empujado por propios y extraños, dispuse de una cuenta en Dropbox, donde comparto, o no, carpetas con datos de todo tipo, también sin coste, y si además animo a usarlo por otros, encima me dan más espacio gratis…. ¡la leche! Eso si, cuando comenzó a decirme que la cuenta estaba casi llena, lo que hice fue abrirme una cuenta en Box…. que aquí me regalan más espacio todavía y con los programas de sincronización aseguro toda mi información.

Para rematar, yo soy así, y como me caía bien aquel señor gordito, al que le metieron un puro los del FBI por su plataforma Megaupload, también me he creado una cuenta en su nueva plataforma “Mega”, que ahora
gestiona desde Nueva Zelanda….. más gigabytes gratis… espero que su posible extradición a los Estados Unidos no afecte en nada a su plataforma.esanube

Así las cosas, tengo iCloud, Google Drive, Dropbox, Box y Mega….. (seguro que alguno más) y todo sin costarme un euro. La propia inercia me lleva a trasladar mi organización de carpetas, que antes disponía en el disco duro de mi equipo, a la Nube. Bueno, realmente, con los programas de sincronización, mantengo toda la información también en mi ordenador, por lo que tengo acceso a mis datos allá donde pueda estar. ¡Impresionante!

Y digo yo ¿no es todo esto una gran prueba de fe? Tengo fe de que mañana mis datos seguirán estando en…. en… ¡bueno! ¡donde quiera que estén! Lo importante es que los tenga accesibles, siempre que quiera, claro. Porque estarán siempre accesibles ¿no? ¡Claro que si! Aunque esté haciendo uso de servicios gratuitos, y que en la letra pequeña que aceptamos al crear nuestras cuentas, estas empresas se eximan de cualquier responsabilidad, no se atreverían nunca a hacer algo así….. tengo fe en ello.

Además, sigo teniéndolo todo en local. Resulta hasta paranoide que me plantee que el proceso de sincronización pueda funcionar a la inversa, y que, desaparecida toda la información del servidor, el programa entienda que he sido yo el que he eliminado las carpetas y se ponga a hacer lo propio con lo que guardo en mi equipo…. y sin pasar por la papelera de reciclaje… absurdo.

Y no hay mejor prueba de fe, que tener la absoluta confianza de que nadie en el mundo mundial va a acceder a mis fotos o a mis archivos ¿Verdad? Sabemos que la nube replica ene veces el mismo contenido en mogollón de servidores, estén donde estén… creo que dicen que así la seguridad aumenta, ante la posible perdida de un dato, o la “caída” de algún servidor, y sobre todo se optimiza la disponibilidad.

Eso quiere decir, que mis fotos con mis familiares están en varios servidores a la vez (máquinas físicas ubicadas en distintos países) y que nadie, nadie (salvo hackers y gente de mal vivir) va, ni por curiosidad, a acceder a ningún archivo mío. De hecho, si así fuera, tampoco me enteraría nunca, o sea que, como ojos que no ven, corazón que no siente, lo que siento es que mi fe permanece intacta. Soy un creyente. Y confeso.

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