¿Y tu, no haces clustering?

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El inicio de esta década producía inquietud e, incluso, miedo, a determinadas empresas e instituciones, porque en 2011 se cerraba el grifo de las ayudas que la Comunidad Europea había programado para España, desde su entrada en Europa. Extremadura y Andalucía, sin embargo, podían disfrutar de un plazo superior, hasta el 2013, porque fueron consideradas en su día, zonas de nivel inferior y, por tanto, más necesitadas de apoyo para su desarrollo.

Sin entrar a analizar el grado de aprovechamiento de aquellos fondos, durante tantos años, y si su uso fue optimizado y/o si estamos en el nivel esperado después de gastar el pastizal, si apuntaré la perversidad de cualquier proceso por el cual, al llamar a una puerta, el que abre te da dinero; que es algo que gusta, engancha, y que los que llaman acaban acostumbrándose.

Es fácil imaginar que si un joven lleva toda su vida viendo a su padre pasar una vez al mes por una ventanilla donde le dan dinero, crecerá creyendo que las cosas son así y que aquella ventanilla está para su manutención, desconociendo que hay que trabajar para vivir. Apunte este, que no viene al caso.

Pensábamos, los que aguardábamos expectantes a esa nueva era, que aquellas empresas e instituciones, agotado aquel grifo, pondrían en práctica estrategias, ya maduradas, que les permitieran seguir creciendo, evolucionando y generando riqueza al tejido productivo. También pensábamos, justo es reconocerlo, que algunas de ellas se pegarían un batacazo, por lo mismo que rezaba una pegatina que hace muchos años algunos horteras pegaban en sus coches, en la que aparecía una silueta voluptuosa de una chica embarazada, con la frase “Por no sacarla a tiempo”. Hoy esta pegatina estaría prohibida, por razones que tampoco vienen al caso.

Pero cuando parecía que íbamos a lograr que entraran todos con el barco, en aquella espesa niebla de la economía real, de la oferta y la demanda reglada por los apasionantes factores que la conforman (valor aportado, calidad, competitividad, etc.), nada más entrar, una luz mortecina aparece en el horizonte, … en el horizonte, … en el horizonte 2020. ¡Un nuevo grifo!

A mi me pueden las charlas y conferencias de temas cruentos, o sea, poco digeribles, aunque haya realizado auténticos esfuerzos por seguir las exposiciones, como en las que he asistido sobre el mapa del tesoro del Horizonte 2020, pero me distraigo y no atiendo bien a esas clases. Lo que, con seguridad, no me ubica en una posición de conocimiento adecuado. Y así lo dejo a huevo para el que quiera meter caña.

Parece, o al menos eso me ha parecido entender, como si los entes pensantes europeos hayan llegado a la conclusión, de que es mejor regular unos multimillonarios fondos destinados, fundamentalmente, a la innovación, a través de las empresas; y no directamente con las AAPPs como hasta ahora, o algo así, y esto ha provocado, que los del grifo se concentren en la metamorfosis requerida para poder arrimar su pichel al nuevo chorro (lo del pichel lo he aprendido hace poco, es como una jarra). Entramos en la nueva era del cluster.

Cluster, entendido el término, como agrupación de empresas e instituciones de tintes verticales, a ser posible, en la ventaja de que, bajo tal denominación caben tanto personas jurídicas como asociaciones o, incluso, consorcios regulados mediante acuerdos privados alineados con un abanderado que cumpla los requisitos legales necesarios.

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Así las cosas, están brotando como setas los clusters, por aquí y por allí, cluster de ecommerce, de energías alternativas, de tecnología aeroespacial, de biotecnología, de Apps para móviles, de cloud computing, de seguridad digital, de eSalud, de grafeno, de lo que se nos pueda ocurrir pero siempre relacionado con la innovación….  Lo esencial, y lo deseado, es que estas agrupaciones sirvan para sus fines sinérgicos, ya que la nueva economía apoya realmente el “compartir para competir”, y que no sean meros instrumentos de forma, que acaben, o bien beneficiando a unos pocos, o bien no sirviendo para nada.

En estos casos, un cluster requiere agrupar a empresas de diversa condición, enormes compañías junto con pymes e, incluso, microempresas. De hecho, creo que para optar a proyectos de esos fondos, es una condición el que participen las pymes. El cluster deberá dotarse pues, de una oficina técnica ducha en las materias objetivos del cluster, así como de un modelo operativo, que equilibre las participaciones en proyectos, frenando las ansias de las grandes y aupando a las pequeñas.

Es lógico pensar que el modelo operativo será la clave para que un cluster formado salga adelante, o que se rompa al doblar la primera esquina. La propia constitución de un cluster te puede dar algunas pistas sobre por donde irán los tiros, tan solo habrá que fijarse en la forma como estén representadas las pymes, para olfatear como funcionará el cluster a corto y medio plazo.

Como todo, esto no es nuevo, quizás lo novedoso sea su gestación al amparo del Horizonte 2020 (se lee “veinte-veinte”), y que sus esfuerzos se centren explícitamente en la obtención de esos fondos, lo que sería un craso error, al olvidar el magnífico potencial que el propio cluster representa de cara al mercado, y al margen ya, del panal de rica miel. Eso si sería una verdadera lástima.

Así que ya sabes,…. ¿Aún no practicas el clustering?

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