C.R.A.Z.Y. ¿estamos locos?

Hace poco que he disfrutado con la película C.R.A.Z.Y., film canadiense de 2005 que presenta el drama de indefinición sexual de un adolescente en la frontera temporal de los 70’s, cuando Pink Floyd, David Bowie y otras deidades se encargaban de abrir nuestros cerebros a una nueva era musical, y donde las drogas se incorporaban como aderezo a este periodo de nuestras vidas.

Aparte de recomendar esta película, hubo una escena que se me quedó grabada y que ha sido, la causa de escribir esta misiva. En concreto, describía la magia del momento en el que el protagonista entra en una tienda donde vendían discos antiguos y/o usados, y se ponía a buscar, en aquellos cajones donde el vinilo estaba organizado y uno iba pasando con el dedo álbum a álbum, descubriendo y/o rememorando LPs, artistas, portadas, canciones…

Aquello describía una situación del pasado, pero también mostraba una acción que producía satisfacciones muy especiales, y esto es algo que hoy ya solo queda para los coleccionistas…., y esto me produjo cierta tristeza.

Es cierto que con el avance de las tecnologías vamos sustituyendo situaciones y acciones en lo cotidiano, es cierto, como también lo es, que surgen nuevas formas de satisfacción, sin duda. Pero lo que me pregunto es, si la suma de todas las nuevas satisfacciones que hoy tenemos es igual o superior a la suma de todas las que teníamos, y, sinceramente….. no lo tengo tan claro.

Es más, creo que estamos reduciendo las frecuencias y las periodicidades de esas satisfacciones. Mirando la capacidad de absorción tecnológica de los niños, podemos observar cuanto les dura la satisfacción de una novedad. Por ejemplo, con las consolas que incorporan la kinestesia o cinestesia en los juegos, o con el uso de una tablet.

Y esto se refiere a satisfacción individual, porque la otra, la que proviene de nuestra relación con otros seres humanos, uf, esa está cambiando de forma, aparentemente, descontrolada….

Supongo que será el hecho de que pertenezco a una generación que ha vivido todo el cambio, al nacer en una época en la que los ordenadores ocupaban edificios porque aún no existía la microtecnología; supongo que será por eso que, cuando juego online con alguien que no conozco, al finalizar la partida, me queda una sensación extraña de despersonalización. Ni idea de quien era, ni de como era, ni de donde vivía, vamos, que podría haber jugado contra una máquina que habría sido lo mismo.

Y otra cosa que no llevo muy bien es la “aparente” hipocresía, perdón, perdón, he querido decir, el “aparente” buen rollito que reina en todas las redes sociales. No me refiero a que no se critiquen o se informe de situaciones graves, me refiero a la interelación entre las personas. “Eres un crack”, “Me gusta tu foto”, “Me gusta lo que has comido”, … yo también lo hago, y supongo que, como yo, los demás también lo hacen sinceramente, y no en un acto mecánico solidario o de búsqueda de un retorno equivalente.

Tengo amigos que están convencidos que sucede lo mismo en lo social físico que en lo social virtual, en parte creo que tienen razón, pero mirarte a los ojos, el lenguaje corporal, el contacto físico, son aspectos tan importantes, que puedes detectar un malentendido sobre la marcha, mientras que en lo virtual siempre es a tiro pasado.¡Y mira que surgen interpretaciones dispares en lo virtual, por más esfuerzo que pongas con emoticones, frases de buen rollo, etc.!

Tanto es así, en sus diferencias entre lo físico y lo virtual, que observo anonadado como personas que conozco en carne y hueso, y que son realmente introvertidas, en las redes sociales tienen un éxito tal en sus relaciones con los demás, que los normalmente extrovertidos ni por asomo se acercan a sus grados de relación binaria.

Esto me lleva siempre a comparaciones odiosas;  situaciones que producían aquellos que no eran, ni son, capaces de decir las cosas a la cara, incluso ni siquiera por teléfono, y encontraron en los emails y en los SMS los escudos perfectos para decir un simple NO, excusarse por no asistir a algo, dar un pésame o terminar -incluso- una relación de pareja, y un sinfín más que seguro conoces.

¿Llegará el día que la conversación digital sea más importante que la física? Con video, con holograma, me da igual… ¿Llegará? Igual ya ha llegado, porque estoy harto de ver gente compartiendo un espacio físico, sin mirarse ni hablarse entre ellos, porque cada uno tiene su apéndice digital para prestarle toda su atención, aislarse del resto y hablar con al mundo entero que le responde a través del Twitter, del Facebook o del video-chat de turno…. ¿Estamos locos?  (¡Mira quien habla!… seguro que esto lo dirá mi mujer cuando lea el post)  🙂

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