La ciberdepresión

Una mañana te levantas, coges el apéndice digital antes de ducharte, revisas tu TL, mientras ejercitas el pulgar frenéticamente para llegar a los últimos 5 minutos y hacer vista aérea de los tuits más recientes de “a-los-que-sigues”; mientras te va sacudiendo un hálito de tristeza por ese reojo que le das a los avisos de retuits, de menciones, de mensajes directos…. nada, no hay nada; nadie consideró de interés re-enviar uno de los tuyos, nadie te ha mencionado en un tuit, nadie te ha mandado un DM… y para colmo de males tu número de followers ha vuelto a bajar…. ¡¡21!!

De pronto, el apéndice suena, da un pitido, es la alerta del Foursquare, ¡hay algo para ti!,… entras, pulsas en el botón de avisos y lees… ¡Tragedia, un desconocido acaba de robarte una de las alcaldías más apreciadas por ti! Si fuera Lunes, en tu mente sonaría algo así:

Dejas el apéndice en lugar seguro sobre el lavabo y te metes en la ducha (¡a ver cuando sacan de una vez smartphones impermeables y sumergibles!), pero no puedes disfrutar del agua, porque no dejas de pensar en las razones por las que no logras formar parte de esa comunidad virtual que tan felices parecen, que tanto se relacionan, y que tanto éxito tienen en Twitter, que es lo que peor llevas. Suspiras. ¡Si yo fuera Santiago Segura! Gimes.

Mientras desayunas, a una mano, entras en Meetup por si tienes que cambiar tus planes, no vaya a haber alguna reunión de esas que son las únicas en las que consigues algún follower, pero como casi siempre, y en el tono áspero como aquí se expresa tu apéndice, no hay ninguna cita, ninguna reunión, no hay nada para ti, ni hoy, ni durante la semana, ni siquiera en todo el mes.

Por no venirte abajo, optas por los canales infalibles: Facebook y LinkedIn, aquí siempre  encuentras que hay cosas nuevas para ti.

Un “amigo” te ha etiquetado en una foto! A ver, a ver,… ¡vaya! Allí estás tu, precisamente aquella noche que te pasaste con la cerveza granadina de color verde, tirado en el suelo, sonriendo con un pedal de alivio y expresión desorbitada en la cara…. ¿no podía haber puesto otra?, Ah! la foto tiene comentarios! A ver que dicen…. ¡Dios mío, es de mi novia! “Vaya Carlos, que bien te lo pasas! Ese día no era cuando cancelamos la cena porque tu tenías trabajo?” Y gritas: ¡¡Mierda de Facebook!!, ¡Me cago en mi “amigo”!,…y susurras:  de esta seguro que Bea corta conmigo…. llanto contenido.

Mientras dejas que el café te queme la garganta, ¡ya que más da! te vas encendiendo de abajo a arriba con tanta felicidad que se respira en tu muro de FB, una “amiga” acaba de poner una auténtica chorrada y, en 5 minutos, tiene 34 “me gusta”!!! joder!!! ¡Si tu no has pasado nunca de 3! Y tan solo una vez conseguiste arrancar 14 comentarios a algo, que fue cuando subiste una foto del curso de COU en la que etiquetaste a todo quisqui…. y claro, de 42 compañeros, 7 dijeron algo, el resto de comentarios, hasta los 14, eran tuyos, respondiendo a cada uno, en tu afán colaborativo y de conversación 2.0 ….

¡¡Manda cojones que aquel otro compañero, que era, y sigue siendo, un introvertido de narices, esté retirado del trabajo tradicional y esté viviendo solo de su blog!! ¿Pero que es esto? ¿Que narices te pasa? ¡¡Si tu has sido siempre el más sociable de todos!! ¿No es todo esto Social Media, Redes Sociales, Socialware? ¿Entonces?

¡Un momento! En LinkedIn tienes aviso de 8 tareas pendientes, a ver que son… ¡3 invitaciones a unirte a su red! Pero,… ¡si no conoces a ninguno! ¡Pues las ignoras! ¡Que ya estás harto de confirmar a gente para que después sean vendedores que te atosigan con mensajes de sus productos, jornadas y demás basura que no has pedido! ¡Hala! ¡A tomar viento!

¿Y el resto? Una invitación para unirte a un grupo de algo que ni siquiera comprendes y 4 mensajes de esos vendedores que en su día confirmaste…. y es que, por más que has buscado en LinkedIn, no has logrado encontrar la forma de arrepentirte y de quitar de tu primer nivel de contactos a nadie…. una lágrima cae sobre el café.

Nunca te imaginaste que con tu flamante iPhone 4S, tu pedazo de iPad 2, te fuera a pasar algo así. Cierto era, en el mundo 1.0, que te llegaste a acostumbrar a mandar emails sin recibir respuesta, ¡había tanto argumento de excusa para los demás, que siempre te recuperabas! Pero ahora, con el tiempo real ya no caben justificaciones…. te has quedado al otro lado de la brecha digital. Coges el apéndice, como si fuera un teléfono móvil, y pides hora en Salud Mental… estás enfermo. Hoy no irás al trabajo. Tienes una ciberdepresión de iBook.

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3 comentarios en “La ciberdepresión

  1. Rudolf, oye, no te ciberdeprimas, colega. Lo mismo tienes que cambiar de apéndice…jjj. Pues nada, tu tranqui… que todo llega. De momento ya tienes mi primer RT… a ver si te animas (ah, y también porque el post me ha gustao) Un abrazo 🙂

  2. “Yo tengo un amigo” que es “social bi-polar”, tiene días de mucha euroria, muchos retuits, muchos ‘me gusta’ pero esos días no levanta las manos del teclado y hay otros días que nadie lo retuitea pero esos días está tumbado en la playa con un mojito y no se acuerda de las redes sociales mientras socializa con las nativas del lugar… 🙂

    ¿Cual de las 2 personalidades le recomiendo que potencie más?

    ¿Social media o social a medias?

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