Del tabaco y los fariseos

Comencemos con la primera clase, el tabaco es un producto legal, a ver L-E-G-A-L, todos juntos: ¡¡LEEEGAL!! su fabricación es legal, otra vez por favor: ¡LEEEGAL!, su venta es legal, si, si, insisto por favor: ¡¡LEEEGAL!!, su consumo es legal, ¡vamos! que esta es la última, ¡anda! ¡¡LEEEGAL!!.

Está demostrado, sin necesidad de estudios científicos, que su consumo excesivo es perjudicial para la salud, lo sabe el que fuma y el que no fuma, fumar mucho MAAATA!!, ¿cuando? Pues, depende de cada persona (¿quien no conoce a algún abuelo que murió con más de 90 años y fumaba desde los 15?). También está demostrado, que el consumo excesivo de alcohol, cafeína, azúcar y grasas, también MAAATA!!. Y en esto, lo mismo que antes, depende de cada uno.

Está archidemostrado que por el alcohol ha muerto muchísima gente, entre ella muchas mujeres, que no lo consumían, pero que se encontraron en el camino con alguno que iba muy cargado, aunque no interesen estadísticas agrupadas en este sentido (accidentes con muertes provocados, violencia de género, peleas en múltiples circunstancias, etc.), de las que se producen por “efecto colateral”, junto con las estadística producidas por el deterioro propio de la salud de los alcohólicos. Apuesto a que esta cifra sería mucho más elevada que la del tabaco.

A su vez, está el libre albedrío, que ejercido en libertad debe permitir a cualquier ser humano decidir que hace con su cuerpo siempre que, claro está, no afecte ni perjudique a los demás. Este punto es MUY importante. El respeto por encima de todo, pero también para las minorías. Siempre debe cumplirse la viceversa. No se si se entiende.

El tabaco, como la mayoría de las demás sustancias mencionadas, crea adicción (incluso la creaba antes de esa introducción de aditivos siempre denunciada a los fabricantes de cigarrillos) y, por tanto, resulta muy difícil mantenerse en una cifra inocua de consumo diario (pongamos, hasta 3 cigarrillos al día, ya saben, como la leyenda de la copa de vino diaria que, además resulta incluso beneficiosa, eso dicen), y finalmente el fumador acaba consumiendo más de lo que le gustaría.

Que en el pasado y presente es notorio que genios de las ciencias y las artes, a pesar de su genialidad y su coeficiente intelectual, fumaban, lo sabemos y disponemos de toda clase de pruebas, y también eran conscientes del perjuicio que les acarreaba. Entonces no eran genios, eran idiotas, ¿si? ¿no? vaya, que dilema más tonto.

Tenemos la dichosa manía de que se nos va la olla cuando hablamos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y digo esto porque, por alguna extraña razón, en nuestra mente se forma la absurda idea de que la OMS son un grupo de  “buena gente” que vela por la salud de los seres humanos, cuando sabemos, pero se nos olvida, que embutidos en institutos y fundaciones, se encuentran los representantes de multinacionales de laboratorios farmacéuticos. Que tienen sus propios intereses económicos. Y no se nos olvidan, ni las vacas locas ni la gripe A.

Yo siempre he pensado que, si lo que parece que necesitamos, es consumir alguna sustancia que nos tranquilice, que nos ayude a concentrarnos, que nos relaje después de una comida o de otra cosa, que nos aporte socialización en conjunto con copas, bailes (esto cada vez menos), reuniones, y demás…. ¿Por qué no invertir en I+D+i para transformar el perjuicio de la salud en beneficio para ella? Y no hablo precisamente del cigarrillo electrónico, que en China están produciendo hoy en cantidades industriales, está de moda; sin que quede muy claro cuales son los componentes de ese “e-liquid” que produce el vapor que previamente también te has tragado.

Dejar de fumar es extremadamente duro, algunos, aún sin casi poder respirar no logran dejarlo, cualquiera puede llegar a ese extremo, pero eso no significa que todos lleguen a el. Se debe ayudar al que pide ayuda, pero dejar en paz al que no lo hace. Lo que me resulta fastidioso es el síndrome del ex-fumador traumatizado, la fe del converso, gente que en su subconsciente no ha superado el haberlo dejado y se han convertido en adalides de la caza de brujas contra los sufridos y vapuleados fumadores (en línea mental con un “yo lo he tenido que dejar y no puedo soportar que tu lo sigas haciendo”).

Este grupo, unido a los intransigentes de toda la vida, son la punta de lanza de las denuncias y críticas, los activistas virtuales que se prodigan por las redes sociales y los foros amparados por la nueva ley, ridiculizando e insultando a los fumadores y dando gracias al cielo por poder llegar a sus casas sin que su ropa huela a tabaco… se ve que el olor a fritanga no les producen las arcadas del olor a tabaco. No admiten que puedan coexistir locales para fumadores y para no fumadores, no pueden consentirlo, lo quieren todo, sin concesiones, y los políticos lo conceden porque saben que, cuando lo intentaron, se encontraron con la sorpresa de que el 90% de bares y restaurantes se alineaban con la permisividad de fumar ¿por que lo hacían si el 80% no fuma?

Ahora que los niveles de polución de las ciudades están en entredicho, algún gracioso tendencioso explica que, posiblemente, sea por culpa de los fumadores, que como ahora lo tienen que hacer en la calle, pues eso. Supongo que llegaremos a algo parecido a esto einhornpress.com, si conservamos la misma libertad de expresión, claro.

Por otra parte, no me cuadra que, con la necesidad de adeptos que tienen las urnas, los partidos de diferentes bandos se unan, en medio de una crisis galopante, para sacar leyes que encabronen al 20% de sus “posibles” votantes. No me cuadra. Como tampoco me cuadraba que Obama tuviera algo que decir/hacer sobre Egipto y, sin embargo, se ha comprobado que lo tenía, y mucho. Que se lo digan a Mubarak.

Por no fabricar teorías de conspiraciones, me da por pensar que, realmente a los que gobiernan (así como a los que no lo hacen), posiblemente les pueda hacer incluso poca gracia tener que defender a ultranza una ley, que se nota que van cuadrando a trompicones, ¿que sentido tiene que después de tan solo un año y de obligar a que bares y restaurantes inviertan dinero en dividir sus locales, pasen a la prohibición absoluta? No parece muy lógico.

¿Podría ser que la orden también proceda de USA o Europa? Ellos venden aún más caro el tabaco en sus países, cada vez “menos más”, es cierto, y aunque algunos británicos y franceses siguen comprando en nuestro país, esto no justificaría algo así. De hecho, en Octubre del año pasado, el gobierno holandés rectificó parcialmente su ley, debido al descalabro originado en la hostelería, y desde entonces se puede volver a fumar tabaco en aquellos bares pequeños que solo sean llevados por su dueño y este decida que se pueda fumar en su local. Sshh, pero esto no lo digas por ahí.

Pensar que en el ámbito político de las naciones más desarrolladas preocupe tanto la salud de sus ciudadanos, hasta el punto de afectar las libertades individuales, me parece iluso. La lógica me llevaría entonces al problema del alcohol. Nadie ha matado nunca por los efectos del tabaco. Sin embargo, si se nos considera como “unidades de producción”, como elementos a cuidar en pro de la generación de riqueza de un país, me suena más.

Doctora y General, autora de un reciente estudio científico que demuestra que la exposición al humo del tabaco produce daño ¡instantáneo!. Observar uniforme y banderas

Dicen los médicos gestores, que los gastos sanitarios que producen las enfermedades del tabaco son impresionantes, y queda, como en el aire, que esos gastos salen del bolsillo de todos los contribuyentes. Esto es una verdad, a medias. Nos olvidamos que ese enfermo, el que realmente lo sea por su vicio adquirido, ha pagado en impuestos el 80% de cada calada, de cada porción de humo expelido, de cada cigarrillo (acabado o no), de cada paquete (consumido o no) durante toda su vida como fumador.

Y ahora, después de sumar 50 años, o más, fumando, cada uno de esos 18.250 días y, posiblemente, después de más de 50.000 euros de impuestos específicos de su propio bolsillo, que no del de nadie más, esto se olvida, cuando cae enfermo le aplicamos el saldo equivalente a cualquier otro que no haya fumado nunca. Sustrayéndole sin pudor la hucha que día a día ha ido acumulando en impuestos. A partir de aquí, podríamos preguntarnos las razones que justifican los costes tan elevados de los tratamientos médicos de cualquier cosa, pero esto es otra historia.

Comentaba recientemente en Twitter, nuestro representante del humor “inteligente”, Buenafuente, que la solución del tabaco pasa por prohibir totalmente su venta. Repliqué agradeciendo su comentario en nombre de todos los fumadores, de todos los estancos, kioscos y bares de España, de todos sus empleados, de todos los que directa o indirectamente viven de un mercado LEEEGAL, y sobre todo, por esos 11.000 millones de euros en impuestos que se recaudaron en el 2009 por consumo del tabaco. El bueno de Andreu.

Por favor, considera que el fumador no busca molestar a nadie, que respeta y entiende que en los lugares públicos cerrados no se debe dejar fumar y no lo hace, que no puede asumir una aplicación absurda de la ley que le impida disponer de espacios propios donde si pueda hacerlo, entendiendo que a esos espacios no puedan acceder ni menores ni embarazadas, admitiendo generosamente, que a esos espacios puedan acceder los no fumadores que libremente y, de forma consciente, asuman el riesgo que la exposición al humo suponga. Y si ello conllevaba divisiones del espacio, que se ejercieran los controles estrictos para que las condiciones de uso fueran las reguladas.

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