En memoria de Jokin

Jokin fue un chaval que, no pudiendo resistir la presión a la que estaba sometido por sus compañeros de clase, sus humillaciones, sus burlas y sus abusos, optó en septiembre de 2004 por tomar el único camino que consideró que acabaría con todo su sufrimiento. Esto va por él, como muestra de que algunas cosas no han cambiado en muchas décadas, y que tenemos que lograr que cambien de una vez por todas.

competitividad

[España, 1974] Me encuentro llorando sentado en un escalón del patio de mi colegio, era un colegio nuevo para mi. Después de 7 años asistiendo a otro también de religiosos, mis padres tomaron la decisión de cambiarme debido a una brutal paliza que me asestó un profesor reprimido que descargó su ira en mi cuando yo tenía 12 años. En aquellos tiempos la disciplina escolar permitía el castigo físico de acuerdo con la filosofía de “la letra con sangre entra”. Recuerdo la tremenda amargura con que lloré la noche en la que comprendí que ya no volvería a aquel colegio, que perdería las relaciones con mis compañeros de siempre… me afectó mucho.

El nuevo colegio era diferente,  no solo no se aplicaba en general el castigo físico, tampoco había prácticamente disciplina alguna,…, hoy, 30 años después, me doy cuenta de que aquel colegio se parece mucho a los de hoy…. al parecer estaban adelantados a su tiempo.

Mi hermano mayor fue empujado también al cambio de colegio conmigo; es curioso como comportamientos y actitudes del personal docente puede afectar tanto a la vida de los alumnos, en lugar de expulsar a aquel maldito profesor, el resultado fue el cambio de hábitos, costumbres y relaciones de 2 hijos de una familia.

Posiblemente le dijeron a mi hermano que me encontraba llorando en aquel escalón, supongo también que en el se generó una actitud protectora hacia mi, fruto de las razones que motivaron el cambio de colegio. Me imagino incluso que insistió hasta la saciedad para que le dijera porque me encontraba llorando. Yo no quería que me defendiera, pero, por otra parte yo quería un escarmiento para el chico que me había pegado y finalmente le daría el nombre del compañero que lo había hecho.

Mi hermano vengó la afrenta y aquello, en vez de solucionar algo, generó una situación que aún recuerdo con bastante dolor. La mayoría de mi clase adoptó una actitud de rechazo que, en ocasiones, y con las agrupaciones adecuadas, me hicieron sufrir vejaciones y humillaciones bajo el soniquete “anda y ahora ve y díselo a tu hermano para que te defienda”.

Sin haber llegado a situaciones extremas, he tenido experiencias que me hacen comprender y acercarme al estado de ansiedad y de deseo de acabar con el agobio extremo que, a esas edades, se puede llegar a sentir. Comprendo a Jokin, entiendo porque llegó a adoptar una decisión tal como para acabar con su vida. Me asusta tremendamente pensar la potencialidad de estas situaciones en los tiempos que corren, con el nivel de información que manejan hoy los chavales, la violencia y competitividad que respiran y, sobretodo, los graves problemas de personalidad que arrastran y que están produciendo generaciones de “niñatos” que diariamente rozan la línea sin retorno que puede acabar con sus huesos en la cárcel.

¿Podemos hacer algo? Podemos aportar granos de arena, podemos cambiar un ápice la situación más próxima, pero no podemos luchar contra el descalabro mediático que padecemos… El profesor está actualmente supeditado a una legislación que favorece al menor y que acaba minando la moral y la motivación de maestros y educadores. Los padres están demasiado ocupados intentando asegurar un mañana que nunca llega porque, básicamente, siempre es hoy. Nuestros hijos inician el periplo de convivencia e interrelación a partir de los 12 años, y construyen su personalidad sobre modelos que resuman obsesión por la imagen externa y que carecen de valores que aporten ilusión e interés por algo realmente beneficioso para ellos.

Mientras tanto esperamos con verdadera inquietud que la ruleta no se pare en un número fatídico que acabe produciendo daños irreparables en nuestros hijos,…, al fin y al cabo, si le ha tocado a otro, de momento podemos seguir respirando aliviados…. hasta la próxima bola.

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